Esta es la razón por la que escapas de las relaciones

¿Alguna vez has escuchado la frase: Mejor sola que mal acompañada?


Tal vez hasta tu misma te dices eso para justificar la indecisión a la hora de tener una nueva pareja.


La realidad es que infinidad de personas se quedan en relaciones poco satisfactorias y saludables por miedo a quedarse solas y otras eligen estar solas que mal acompañadas.

Pero, ¿si es posible estar bien acompañada, elegirías estar sola?

¿Conoces cuál es la razón por la que decides quedarte sola?





Algunas personas, consciente o inconscientemente eligen caminar solas porque tienen miedo.

  • Miedo a iniciar una relación

  • Miedo a enamorarse

  • Miedo a salir de la zona de confort

  • Miedo a perder la libertad

  • Miedo a ser lastimado

  • Miedo a que se repita la misma historia

  • Miedo al compromiso

  • Miedo al abandono

  • Miedo a sufrir

Cuando sentimos miedo tratamos de controlar la situación y a las personas alrededor nuestro o las evitamos para no sentir ese sentimiento tan paralizante.

La mente considera el vínculo con otra persona como un peligro y percibe que tener una relación de pareja es igual a sufrimiento.

¿Por qué?


Porque las emociones tienen memoria y nuestras inseguridades crean bloqueos emocionales. De manera que cuando una persona quiere iniciar una relación, no logra forjar vínculos profundos.


La memoria emocional nos lleva a esos momentos de dolor después de una ruptura amorosa, el recuerdo de cómo nos costó superar la relación persiste en nosotros mucho después de haber terminado.


Una manera inconsciente que tenemos de controlar o evitar esto es creando una burbuja de bienestar que cuando se ve amenazada, comenzamos a dudar y nos alejemos de la situación.

En conclusión, controlamos o evitamos nuestro entorno y a las personas con quien nos relacionamos para no afectar nuestra burbuja de bienestar.

El niño interior herido es la raíz de nuestras relaciones tóxicas y el niño herido tiene miedo.

Las heridas emocionales de nuestra infancia nos acompañan hasta la edad adulta. En la adultez si no hemos sanado y aprendido a gestionar las emociones, vamos a reaccionar con pataletas como cuando a un niño le quitan su juguete preferido.



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